21/10/15

Soy un aguacate sin pepita.


[Este escrito está dedicado a una persona que estoy segura que no quiere que sepan su nombre, así que pediré que lo llamen "Amor de mi vida" y que se imaginen que vive en medio de la nada y a la vez de lo que significada todo para mí. En medio de las casas isleñas que entre el aroma del mar y sus colores pasteles emergen, en medio del solitario pero afortunado sol que alumbra sin necesidad de ninguna fuerza mayor y que de manera natural deslumbran e ilumina todo a su alrededor... Para ti que estarás impreso en mi memoria hasta que mis neuronas se des configuren con la llegada de la vejez] 



Pasa como cuando eres tan solo un infante de 4 años y te regalan los últimos tenis con luces, y tú eres tan capaz de subir a la luna con ellos y devolverte por el alto del Tequendama sin quebrar un solo minuto tus rodillas. O mejor pasa cuando has esperado toda la mañana para salir a recreo y ser el primero en coger el columpio, y cuando estas en él, no hay espacio, ni tiempo, no hay física, ni ecuaciones que importen a los 4 años. Pasa mucho, pasa a cualquier edad y es que de repente y aunque no esté planeado te enamoras tanto, que podrías brillar de noche como las figuritas de los Hielocos, o podrías simplemente resucitar miles de Tamagochis como si no existiera la muerte en todas sus versiones. Eres omnipotente e infinito, podrías vivir toda tu vida con esa sensación y jamás te cansarías, es casi como saberte todas las canciones de Baby One More Time en inglés y no tener que explicar que dice, a nadie, absolutamente a NADIE. 

Así es el amor, no existe espacio, ni física, no hay teorías, ni ecuaciones que seguir. Te enamoras, te empalagas, te llenas de tanto que cuando todo se acaba, parece que fueras un empaque al vacío o un aguacate sin pepita en la mitad. Parece que todas las canciones de desamor se apoderaran de la radio y todas las parejas clasificadas como Jordanos, tuvieran permiso para salir los 365 días y hacer demostraciones en público. En cualquier momento, todos empiezan a casarse y los divorciados resucitan en nuevas técnicas de enamorarse, pero tú, tú estás solo y oscuro, de nuevo como el aguacate que no tiene pepita. Tú como escritor de absolutamente nada, de historias que solo tus amigas y colegas leen, sabes que es momento de escribir, porque no hay mejor momento para hablar que cuando las rayas de la mitad de tu órgano central duelen o el agua caliente resulta más caliente.

Uno puede conformarse, siempre, con las hipótesis más obvias, pero hasta los físicos dicen que muchas veces los caminos más felices para resolver una ecuación no son necesariamente los más fáciles, los más intuitivos o normales, sino los más estéticos. Y el término estética tiene muchas acepciones, sin embargo hay algo cierto, la estética estudia las razones y emociones, es por ello que enamorarse de cualquiera manera y emocionarse incluso cuando no se tienen pepa en la mitad es correctamente valido y aun cuando no fue fácil olvidarte del personaje cuyo nombre no querrás recordar ni en cien años de soledad, es correctamente político. La disciplina de la filosofía así como el concepto universal llamado amor tienen algo en común y es que nacen de lo más puro.