4/3/19

Una tusa más y me bajan de este planeta ¡POR FAVOR!



¿Quién dijo que a los 30 uno puede seguir teniendo tusas? Uno debería empezar a censurar situaciones de su vida en la medida en que pasa el tiempo, como abrirse un piercing después de los 25, o crear una cuenta de Tinder después de los 40, hay cosas que deberían tener un periodo de vencimiento o por lo menos un requerimiento de edad.



Y no es para menos, las tusas al igual que los guayabos con el tiempo se vuelven más complicadas, yo juraba que con los años y con la experiencia eso era cuestión de días, y para ir en contra de mis propias creencias, resulta que NO. Resulta que mis últimas tusas solo empeoran con el paso de los años. Una de mis últimas tusas me hizo terminar viviendo en otro país, insoportable, no hubo terapeuta gestalt o practicas extracurriculares que lo lograrán, no hubo cambio de look o tatuaje femenino que me consolara, mi solución más clara fue cambiarme de posición en la tierra. Creé al menos 4 playlist para salir adelante, unos motivacionales y otros que incluían nombres como ¿Cómo hacer yoga con aguardiente? Y así fue, con un montón de practicas innecesarias y otras sumamente necesarias, lo logré.

Pero ahora que estoy al borde de los 30, y digo al borde, porque todos los días me aparece ese artículo MOTIVACIONAL que explica porque biológicamente cuando cumples esa edad tus células desprenden un químico que hace que huelas a viejo, pues tengo tusa.

¡Bienvenida tusa! mis casi 30, mis deudas, mi incapacidad de tener guayabo, el calentamiento global, el trancón de todos los días, mis 28 días ovulando, mis patas de gallina, mi grupo de amigas feministas y yo te estábamos esperando. 

14/2/19

Las calzas, los niños, los borrachos y los horóscopos JAMÁS mienten.


Buenos días gente sospechosa, enamorados sobrios, solteronas positivas, adolescentes con economías estables, fotógrafos de convicción, contadores por amor, comunidad de la colaton. Buenos días al Sitp, al Transmilenio, al del mango dulce y el jugo de naranja ácido. Después de 3 meses, 2 días, 3 horas y un par de minutos he vuelto, he renacido y además cumplido un año más de vida. Menos colágeno, más arrugas, más gravedad en mi cuerpo, más tusas, menos plata y menos tiempo para sonreír con un par de oreos en mis dientes.



Pero no importa, he vuelto y lo he hecho con una teoría que hace a mi ego enormemente feliz, pero que hará de la humanidad un sitio menos agradable. Después de haberme tomado un par de días sabáticos, un par de remedios etílicos, después de haberme exorcizado el alma y creado un 101 playlist para cada día de recuperación, he logrado entender que los novios no te harán más feliz, pero si menos solteronas, que hay personas que vienen al mundo para inspirar tu amplio vocabulario, que un traguito más no te hace alcohólica sino más soñadora, que el que no lee también le va bien, que aunque parezca necesario la soledad es el regalo más bonito que te pueda dar la humanidad.

Así que no solo las calzas, los niños, los borrachos y el horóscopo dicen la verdad, la soledad también hace parte de ese combo, del combo necesario para la auto superación, del aprendizaje autodidacta, del automóvil y auto control que te llevan a lugares en donde incluso acompañado físicamente jamás te harían feliz. 

10/10/18

La vida sin drama debe ser muy linda, pero gracias, paso


Cuando tenía doce años, no creía en dos cosas: el amor y el deporte. No odiaba algo tanto, como ver a dos personas interactuando saliva, entre canciones cursiletas y fluidos, o a mis amigas después del colegio en clase de natación, equitación, béisbol, básquetbol, fútbol y hasta judo ¿Era en serio? ¿Acaso no era suficiente con ir al colegio? Mientras tanto yo alimentaba mi corazón con la franja Early, ese indudable espacio de la tarde llamado: DRAMA.


Pero bueno crecí, y los papeles cambiaron, ahora era yo la del drama. Empecé entonces a creer fielmente en esas dos innombrables, invaluables, inexplicables, Val De Mortescas y absurdas cosas…El amor y el deporte. Descubrí que tenía talento para los dos, pero en momentos diferentes. Mi disciplina en el amor fue muy importante y constante, mi profesora de matemáticas diría sobresaliente y mi mamá como fiel creyente de mis habilidades sin importar mi talento pensaría que era la mejor…Si, me enamoraba de todo lo que veía, sentía una necesidad tipo Jordano de amar al mundo entre letra cursiva y ojos arrugados, era excesiva y bueno ya está, por primera vez me enamoré o tuve mi mejor versión del amor.


Y entonces vino el verdadero arte, el tan anhelado deporte. Pues sí, después de haber cuajado el amor un par de años, un día mágicamente, todo dejo de importar (Y ahora que lo pienso él podría haberse tomado la molestia de no amarme tanto y haberme advertido de su madurez post-te termine.) Fue entonces cuando comencé a practicar deportes extremos, tan extremos que algunas veces me hacían sonreír y después de un par de minutos todo el cuerpo me dolía. Mi favorito, el unfriend. Entre los lunes, las 12 horas labores, los días de ovarios, cumpleaños de desgraciados, canciones de Arjona o números de aniversarios fantasmas, si señores el unfriend era mi mejor amigo. Y si alguien, alguna asociación, sindicato, agrupación armada o persona de buena fe otorgarán medallas por eso, yo las tendrías todas.


Mi rutina comenzaba un día cualquiera, en el que cualquier clase de cosa de él (El enemigo) me molestaba. Y entonces bajo mi madurez y el gran conocimiento sobre las relaciones humanas que he adquirido, comenzaba por Facebook, pero ¡OJO! Antes de eso stlakeaba todo como si fuera la última vez, como si la inquisición hubiera llegado por mí, como si fuera el fin del mundo ¡Nadie tiene más talento que mi drama! Pero sí, mi segunda base era Twitter y el unfollow, no me despedía antes sin ver el último seguidor. Luego entraba en una larga investigación y retroceso, y enlistanba toda mi vida social...Toda, es decir, Instagram, Flickr, LinkedIn, Tumblr y bueno ya entrado en gastos hasta Google plus, si, por si las moscas, por si él las revisaba todas, todos los días, tal cual como yo lo hacía. Seguramente él lo vería y no podría con el dolor de haberme perdido en todo, porque ahora era yo la que lo dejaba y entonces me paraba del escritorio con actitud de madurez y con un “Todo eso fuiste, pero perdiste, tin tin tin”


Claro está que mi madurez no ha tenido largos periodos, nunca, pasaban los días y mientras reflexionaba entre la harina o muerte, entre la proteína y el cambio de look, entre el chocolate y el me voy del país, llegaba el día quinto. Y después de haber vivido un gran duelo, niveles de insomnio tremendos, de haber hecho encuestas nacionales a mis amigas, de haber abusado de la harina o aprendido frases claves de Bridget Jones y anotado en mi cuaderno. Iba yo, sí yo, con la madurez que me caracterizaba. Iba yo y mi solicitud de amigos, íbamos mi “Jamás te stalkeo pero una amiga mía se dio cuenta que tú y yo, ya no nos teníamos en Facebook y le pareció importante hacérmelo saber, porque eso hacen las buenas amigas” El drama me ha enseñado que la honestidad es una debilidad, pero que la seguridad señores, la seguridad es una habilidad que en momentos como estos es necesaria, casi cuando creer sea imposible.

21/2/17

Crecer siendo el power ranger negro y no el rosado.


[Dedicado al niño que me gustó y me dijo que no]


Era 1995, supongo que no estaba de moda ir de rosado al colegio, no estaba de moda en mi casa, donde mi papá era quién gobernaba, y aunque la democracia se ejercía, la estética muy pocas veces.



Habíamos crecido juntos, digo crecido, porque la crianza de una niña con un padre soltero es como dirían algunos, un constante aprendizaje, probablemente más para mi papá que para mí.

Todos los días desayunaba cereal con leche, siempre dejaba más tiempo el cereal para ver como sucumbia ante las garras de la leche y se volvía plastilina para mis dientes que recién estrenaba. No gozaba del privilegio de muchas niñas en los peinados, casi siempre iba con el pelo suelto, sin mayor extravagancia, ni trenza, ni cola, ni absolutamente nada, solo recuerdo una vez, que durante un fin de semana durmiendo en la casa de mis abuelos, mi abuela decidió ser una artista y me corto un pedazo del flequillo intentado darle forma a mi pelo y a mi personalidad y creo que los resultados no fueron los esperados, sin embargo es importante reconocer que lo intento y que el resultado del artista no siempre es el esperado por todos.

Estudiaba en un colegio mixto, era difícil a veces que me diferenciaran, parecía a veces un niño más, creo que ir de rosado hubiera sido una buena estrategia para que mi profesora supiera de qué lado del bando estaba. Bueno, no solo la profesora, creo que el niño que me gustaba también. El niño que me gustaba se llama Juan, era el más lindo, su mamá si lo peinaba, digo si tenía mamá que lo peinará, para ese entonces creía que la mamá era única y estrictamente indispensable para temas de belleza infantil y banquetes especializados en loncheras para niños de segundo B.

Juan, no solo estaba bien peinado, o tenía siempre los cordones amarrados correctamente, también gozaba del don de la belleza y tenía la mejor sonrisa, mucho mejor que los anuncios odontológicos, y la verdad es que no sé cómo hacía, porque para aquel entonces, nuestros dientes apenas volvían a salir y parecían un salón de niños mal organizados, pero él, él por supuesto no hacia parte de ese grupo.

Había decidido que estaba enamorada de él, sí, porque para aquél entonces yo podía decidir de quien enamorarme, no tenía muchas responsabilidades en la vida, así que el amor a pesar de lo efímero que puede parecer cuando estas en segundo grado, también es una tarea importante, no sé si relevante, pero de seguro era importante. Y entonces había decidido enamorarme de él, porque era el número uno en matemáticas, y matemáticamente hablando, si uno sumaba en un taco todo lo que había encontrado favorable de él, él era el que ganaba en clase.

Recuerdo que era Halloween, lo que no recuerdo mucho es como llegue a estar disfrazada de payaso triste, supongo que nuevamente la democracia en mi casa se ejercía de una manera un poco extraña. Por supuesto era el día más importante del año, no solo recibes toda clase de dulces, sino que puedes jugar durante todo el día y no hay límite para el recreo, pero lo más importante es que es el día en que puedes ir disfrazado de NO niño de segundo B, no recuerdo muy bien si soñaba ir como princesa, pero por ejemplo sé que me hubiera gustado ir como Barbie económica, es decir, Barbie con vestido de baño, de ahí lo económico.  

Claramente las cosas se dieron de otra forma, no era la Barbie que espere y mucho menos princesa, era un payaso, pero no un payaso como todos esos que existen, era un payaso triste, que de por sí ya era una contradicción. Y entonces fui acumulando puntos, creo que me había ganado vidas extras cada vez más, que no se si hubieran sido útiles para algo, pero si se que para que el niño que me gustaba me viera como el Power Ranger negro y no rosado.  

En segundo grado pasan muchas cosas, como aprender a restar con frutas o sumar con animales, te conviertes en líder del grupo cuando por decisión unánime eres el papá o la mamá de la familia en recreo, aprendes a pasar el pasamanos después de durar semanas con las manos llenas de ampollas, y si te va bien en la vida tus papas te dan plata para ir a la tienda y empinarte a pedir eso, si eso, lo que sea, lo que alcance con el billete y no dejar absolutamente nada de vueltas. De seguro muy pocos recuerdan que pasa en segundo grado, o más bien seguro que yo no me acuerdo de nada, pero lo que si me acuerdo es de aquel día, sentada en el andén llorando, y aunque el cuadro para mi directora de grupo hubiera parecido como un NO de algún grupo o cuasi secta del colegio que no me dejo jugar, era más bien la triste historia de aquel niño que con esa sonrisa sin fin, sobresaliente en matemáticas, pero sobre todo destacado para el lenguaje me había regalado un gran y cursivo NO.

21/10/15

Soy un aguacate sin pepita.


[Este escrito está dedicado a una persona que estoy segura que no quiere que sepan su nombre, así que pediré que lo llamen "Amor de mi vida" y que se imaginen que vive en medio de la nada y a la vez de lo que significada todo para mí. En medio de las casas isleñas que entre el aroma del mar y sus colores pasteles emergen, en medio del solitario pero afortunado sol que alumbra sin necesidad de ninguna fuerza mayor y que de manera natural deslumbran e ilumina todo a su alrededor... Para ti que estarás impreso en mi memoria hasta que mis neuronas se des configuren con la llegada de la vejez] 



Pasa como cuando eres tan solo un infante de 4 años y te regalan los últimos tenis con luces, y tú eres tan capaz de subir a la luna con ellos y devolverte por el alto del Tequendama sin quebrar un solo minuto tus rodillas. O mejor pasa cuando has esperado toda la mañana para salir a recreo y ser el primero en coger el columpio, y cuando estas en él, no hay espacio, ni tiempo, no hay física, ni ecuaciones que importen a los 4 años. Pasa mucho, pasa a cualquier edad y es que de repente y aunque no esté planeado te enamoras tanto, que podrías brillar de noche como las figuritas de los Hielocos, o podrías simplemente resucitar miles de Tamagochis como si no existiera la muerte en todas sus versiones. Eres omnipotente e infinito, podrías vivir toda tu vida con esa sensación y jamás te cansarías, es casi como saberte todas las canciones de Baby One More Time en inglés y no tener que explicar que dice, a nadie, absolutamente a NADIE. 

Así es el amor, no existe espacio, ni física, no hay teorías, ni ecuaciones que seguir. Te enamoras, te empalagas, te llenas de tanto que cuando todo se acaba, parece que fueras un empaque al vacío o un aguacate sin pepita en la mitad. Parece que todas las canciones de desamor se apoderaran de la radio y todas las parejas clasificadas como Jordanos, tuvieran permiso para salir los 365 días y hacer demostraciones en público. En cualquier momento, todos empiezan a casarse y los divorciados resucitan en nuevas técnicas de enamorarse, pero tú, tú estás solo y oscuro, de nuevo como el aguacate que no tiene pepita. Tú como escritor de absolutamente nada, de historias que solo tus amigas y colegas leen, sabes que es momento de escribir, porque no hay mejor momento para hablar que cuando las rayas de la mitad de tu órgano central duelen o el agua caliente resulta más caliente.

Uno puede conformarse, siempre, con las hipótesis más obvias, pero hasta los físicos dicen que muchas veces los caminos más felices para resolver una ecuación no son necesariamente los más fáciles, los más intuitivos o normales, sino los más estéticos. Y el término estética tiene muchas acepciones, sin embargo hay algo cierto, la estética estudia las razones y emociones, es por ello que enamorarse de cualquiera manera y emocionarse incluso cuando no se tienen pepa en la mitad es correctamente valido y aun cuando no fue fácil olvidarte del personaje cuyo nombre no querrás recordar ni en cien años de soledad, es correctamente político. La disciplina de la filosofía así como el concepto universal llamado amor tienen algo en común y es que nacen de lo más puro.  

28/4/15

Me estoy drogando con Kit Kat


De esas cosas, o de otras y, a veces, inevitablemente, de cosas que no le importarán a nadie y solo a mí. Del horror y del amor cuando lo tienes y no estás muy segura que se parezca al de tu película del domingo. Y es que clasificar la vida en un solo género del séptimo arte, es un gran error, la vida, pero sobre todo el amor, es una horrible, romántica, trágica y cómica novela de ciencia ficción de detectivas, porque si señores, nosotras somos detectivas.

Hace un par de meses Cupido me eligió para ser parte de su exclusivo grupo VIP, no estoy muy segura si investigo mis gustos o mis películas favoritas, de hecho no sé si se tomó la difícil tarea de revisar mi playlist, pero algo sí creo y es que en su buscador subrayo la palabra “llamativo”. Y así fue como sorpresivamente llego el amor a mi vida o la vida busco el amor para mí, llego ese tan anhelado ser del más allá que me hace sentir a mí la mujer MÁS, la más dramática, la más loca, pero sobre todo la más amada.

Y entre montañas rusas, tiempos modernos, entre la llegada del SITP o la desaparición del Germania, entre la aparición de las Kit Kat y la declaración de banca rota de mis amados productos RAMO, yo me enamoré.